El viento puede desplazar una moto lateralmente y, cuando aparece en ráfagas, obliga a realizar correcciones que no siempre pueden anticiparse. Conviene bajar la velocidad, evitar rigidez excesiva en brazos y hombros y aumentar el espacio respecto de vehículos, guardarraíles y otros obstáculos laterales.
Hay situaciones particularmente sensibles: la salida de una zona protegida por edificios o árboles, el ingreso a un puente, los espacios abiertos y el adelantamiento de vehículos de gran porte. Un camión puede actuar durante algunos metros como pantalla contra el viento y producir un cambio repentino en la presión lateral cuando la moto vuelve a quedar expuesta.
No intentes compensar cada ráfaga con movimientos bruscos del manillar. La conducción debe conservar suficiente fluidez para corregir la trayectoria sin generar transferencias violentas de peso.
En Allianz ponemos el foco en una idea sencilla: si mantener el carril exige correcciones permanentes, el problema ya no es solamente la incomodidad del viento, sino la capacidad efectiva de controlar la moto. En ese escenario, reducir todavía más la velocidad o detenerse en un lugar seguro puede ser la decisión correcta.