Cada vez más personas personalizan su auto para mejorar la estética, la visibilidad o el rendimiento. Es entendible: un cambio aparentemente pequeño puede hacer que manejar sea más placentero. Pero hay un punto clave que muchas veces se pasa por alto: ciertas modificaciones pueden afectar la cobertura del seguro y complicarte justo cuando más lo necesitás.
Además, muchos de estos cambios se realizan después de contratar la póliza, sin informar a la aseguradora. Eso puede considerarse una agravación del riesgo y derivar en un rechazo del siniestro. Por eso, cuanto más claro y transparente seas antes de modificar tu vehículo, mejor protegido vas a estar.