Cómo ahorrar gas en casa: uso eficiente y seguro

Para ahorrar gas en el hogar conviene actuar sobre cuatro frentes: regular correctamente la calefacción, reducir el consumo de agua caliente, cocinar aprovechando mejor la llama y evitar pérdidas de calor en la vivienda. Al mismo tiempo, las rejillas de ventilación deben permanecer libres y los artefactos a gas tienen que mantenerse en condiciones seguras.

El gas natural forma parte de la vida cotidiana: calefacciona ambientes, calienta el agua de la ducha y permite cocinar todos los días. Por eso, usarlo mejor no implica resignar confort, sino entender dónde se consume más, qué hábitos generan desperdicio y qué señales no conviene ignorar.

En Allianz, cuidar el hogar también significa prevenir. Esta guía se enfoca en el ahorro de gas en el hogar y en el uso eficiente del recurso, con

Los principales consumos de gas en una vivienda suelen estar asociados a la calefacción, el agua caliente sanitaria y la cocción de alimentos. En algunos hogares también puede haber pilotos permanentes, secadoras u otros equipos específicos, aunque el ahorro más relevante suele empezar por los usos diarios.

El propio  ENARGAS ofrece un calculador de consumo residencial para entender cómo se distribuye el consumo de gas natural entre calefacción, agua caliente, cocción y piloto. Esa lectura ayuda a ordenar prioridades: antes de pensar en grandes cambios, conviene revisar los hábitos que se repiten todos los días.

En esta lógica, el objetivo no es usar menos gas a cualquier costo, sino usarlo mejor. Una casa eficiente no necesariamente es una casa fría: es una vivienda donde la energía se aprovecha con criterio.

La calefacción suele ser el consumo más sensible durante el invierno. ENARGAS recomienda regular el termostato a 18 °C en invierno, una temperatura suficiente para mantener el confort sin exigir de más al sistema.

También conviene calefaccionar solo los ambientes que están en uso. Cerrar puertas interiores, concentrar el calor en los espacios habitados y apagar la calefacción cuando no hay nadie en casa ayuda a reducir consumos innecesarios.

Si la vivienda cuenta con calefacción central, un termostato o reloj programador puede ordenar mejor los horarios. En casas o departamentos con artefactos individuales, el criterio es el mismo: evitar que el gas se consuma en ambientes vacíos o durante más tiempo del necesario.

La ventilación también debe administrarse con equilibrio. Para renovar el aire, ENARGAS indica que 10 minutos suelen ser suficientes. Ventilar durante demasiado tiempo en pleno invierno enfría paredes, pisos y muebles; después, la calefacción necesita más energía para recuperar temperatura.

Allianz recomienda pensar la calefacción como parte del cuidado integral del hogar: no solo importa cuánto se consume, sino también cómo funcionan los artefactos, si están correctamente instalados y si las condiciones de ventilación son adecuadas.

Una parte del ahorro no ocurre en el artefacto, sino en la vivienda. Si el calor se escapa rápido por puertas, ventanas o filtraciones, la calefacción necesita trabajar más tiempo para sostener la misma temperatura.

Los burletes, el control de corrientes de aire, las cortinas gruesas y el buen estado de las aberturas ayudan a conservar el calor interior. También puede ser útil aprovechar el sol durante el día, abrir cortinas cuando entra luz directa y cerrarlas al caer la tarde.

Pero hay un límite importante: aislar no significa sellar por completo la casa. Las rejillas de ventilación no deben bloquearse, porque los artefactos a gas necesitan oxígeno para funcionar correctamente. Ahorrar gas nunca debería lograrse a costa de reducir las condiciones mínimas de seguridad.

Si querés profundizar en mejoras más amplias de consumo y eficiencia, podés leer nuestra guía sobre cómo mejorar la eficiencia energética del hogar.

El agua caliente sanitaria puede explicar una parte importante del consumo del hogar, sobre todo cuando el calefón o termotanque está regulado a una temperatura demasiado alta.

Una práctica eficiente es ajustar la temperatura desde el propio artefacto, en lugar de calentar agua en exceso para después mezclarla con agua fría. ENARGAS incluye esta recomendación dentro de sus  consejos de uso eficiente del gas, porque evita que el equipo trabaje más de lo necesario.

En la vida diaria, esto se traduce en hábitos simples: no dejar correr el agua caliente mientras no se usa, evitar duchas excesivamente largas y reparar pérdidas en canillas o cañerías. Una canilla que gotea agua caliente no solo desperdicia agua; también implica consumo de gas.

Si el termotanque está ubicado en el exterior, conviene verificar que esté protegido según corresponda y en buen estado. Cuando un equipo pierde temperatura rápidamente, necesita encenderse más veces para sostener el agua caliente.

En la cocina, el ahorro está en la precisión. La llama no debería superar la base de la olla o sartén. Cuando el fuego sobresale por los costados, no cocina mejor: pierde calor hacia el ambiente y consume gas de más.

Tapar las ollas, bajar la llama cuando el agua ya hirvió y apagar la hornalla apenas termina la cocción son hábitos simples, pero repetidos muchas veces por semana pueden marcar una diferencia.

El horno merece un uso más moderado. ENARGAS señala que puede consumir el equivalente a tres hornallas chicas, por eso conviene aprovecharlo cuando ya está caliente y evitar encenderlo para preparaciones que podrían resolverse con menor consumo.

También es importante mantener los quemadores limpios y en buen estado. Una llama azul, estable e intensa suele indicar una combustión adecuada. Si la llama se ve amarilla, anaranjada, débil o irregular, corresponde apagar el artefacto y pedir una revisión.

El foco de esta guía es el ahorro de gas, pero la seguridad es una condición inseparable. Ninguna recomendación de eficiencia debería implicar tapar rejillas, modificar artefactos o reducir la ventilación necesaria.

El monóxido de carbono no debe pensarse como una “fuga” visible u olorosa. Se produce por combustión incompleta, muchas veces asociada a artefactos en mal estado, instalaciones deficientes o ambientes con ventilación insuficiente. Argentina.gob.ar explica este riesgo dentro de sus recomendaciones para prevenir intoxicaciones por monóxido de carbono.

Para usar el gas de forma segura:

  • no uses hornallas ni horno para calefaccionar;
  • no tapes rejillas de ventilación;
  • verificá que la llama sea azul y estable;
  • no uses artefactos sin salida adecuada cuando corresponda;
  • ante olor a gas, no enciendas luces ni aparatos eléctricos;
  • cerrá la llave de paso, ventilá y pedí asistencia especializada;
  • hacé revisar los artefactos por un gasista matriculado.

Si necesitás profundizar específicamente en calefacción, podés consultar nuestra guía sobre cómo usar una estufa a gas de forma segura.

Hay tareas que no deberían resolverse con intuición ni con arreglos caseros. Las instalaciones, reparaciones y revisiones de artefactos a gas deben quedar en manos de un gasista matriculado.

Conviene solicitar una revisión cuando:

  • cambia el color de la llama;
  • aparece hollín o manchas negras cerca del artefacto;
  • hay olor a gas;
  • el calefón se apaga con frecuencia;
  • los conductos o salidas están deteriorados;
  • la vivienda estuvo cerrada mucho tiempo;
  • empieza la temporada de frío;
  • te mudás a una casa o departamento usado.

Como criterio preventivo, Argentina.gob.ar recomienda revisar los artefactos de gas una vez por año, siempre con un gasista matriculado. Es una medida sencilla, pero decisiva para reducir riesgos y conservar el buen funcionamiento de los equipos.

Además de incorporar medidas de ahorro y seguridad, también puede ser importante contar con una cobertura que acompañe el cuidado de tu vivienda y tus bienes. Conocé el  seguro de hogar Allianz y descubrí alternativas pensadas para proteger tu casa frente a distintos imprevistos.

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Uso del gas

Qué revisar

Cómo ahorrar sin perder confort

Calefacción

Temperatura, ambientes calefaccionados, pilotos y pérdidas de calor

Regulá el termostato cerca de 18 °C, calefaccioná solo ambientes en uso y apagá cuando no sea necesario

Agua caliente

Calefón, termotanque, tiempo de ducha y pérdidas

Ajustá la temperatura desde el artefacto y evitá mezclar agua muy caliente con fría

Cocina

Tamaño de llama, horno, tapas y quemadores

Usá la llama justa, tapá ollas, bajá el fuego al hervor y moderá el uso del horno

Aislación

Puertas, ventanas, filtraciones y cortinas

Conservá el calor sin bloquear rejillas ni ventilaciones obligatorias

Seguridad

Llama azul, ventilación, salidas de gases y revisión técnica

Revisá los artefactos una vez al año con gasista matriculado

El uso eficiente del gas en el hogar no depende de una única medida. Surge de una suma de decisiones: regular mejor la calefacción, usar solo el agua caliente necesaria, cocinar con la llama justa, evitar pérdidas de calor y mantener los artefactos en condiciones seguras.

Esa mirada preventiva también ayuda a reducir los accidentes en casa, porque obliga a observar el estado real de la vivienda, anticipar fallas y no naturalizar señales de riesgo.

En Allianz, la prevención es parte del cuidado cotidiano del hogar. Mejorar hábitos, revisar instalaciones y usar los recursos con criterio permite vivir la casa con más tranquilidad. Para ampliar este enfoque, también podés consultar nuestra guía completa sobre seguros de hogar.    

ENARGAS recomienda regular la calefacción a 18 °C durante el invierno. Además, conviene calefaccionar solo los ambientes que están en uso y apagar el sistema cuando no hay nadie en casa.

Lo más eficiente es regular la temperatura desde el artefacto, evitar mezclar agua demasiado caliente con fría, no dejar correr el agua sin necesidad y reparar pérdidas en canillas o cañerías.

Usá una llama que no supere la base de la olla, tapá los recipientes, bajá el fuego cuando el agua ya hirvió y utilizá el horno con moderación.

No. Tapar rejillas puede ser peligroso. La ventilación es necesaria para que los artefactos funcionen correctamente y para evitar acumulación de gases por combustión deficiente.

Los artefactos de gas deberían revisarse una vez al año, preferentemente antes del invierno, y siempre mediante un gasista matriculado. También corresponde pedir revisión si la llama cambia de color, aparece hollín o el equipo funciona de manera irregular.